Por: Luisa Benítez, CEO de la Universidad Digital Continental / Foto: Mirko Oleg.

A medida que la tecnología continúa transformando la forma en que vivimos, trabajamos y aprendemos, es cada vez más importante que examinemos cómo las innovaciones disruptivas, como la inteligencia artificial (IA) redefinirán todo, desde la educación básica, hasta la formación profesional y universitaria superior.

La IA se está convirtiendo en una herramienta poderosa en la educación, permitiendo la personalización de la enseñanza para cada estudiante, ayudando a la identificación temprana de problemas académicos y trabajando en conjunto para mejorar la coordinación entre estudiantes y profesores. La enseñanza adaptativa, a través del aprendizaje basado en la IA, se está convirtiendo en una forma poderosa de permitir a los alumnos trabajar en su propio ritmo, reduciendo significativamente las tasas de abandono escolar y mejorando el rendimiento global del alumnado.

Sin embargo, para que la IA en la educación tenga el mayor impacto en la formación de los profesionales del mañana, primero debemos establecer nuevas formas disruptivas y críticas de pensamiento. Esto incluye preguntas más profundas sobre cómo el aprendizaje basado en la IA se integrará con nuevos modelos de aprendizaje digital, para mejorar continuamente el sistema de informática utilizado en los programas educativos. La inteligencia artificial no debe ser vista como una solución unidireccional, necesitamos en todos los sentidos colaboradores con una gestión de capacidad creativa, intuitiva y crítica del proceso educativo. Necesitamos, en su lugar, entender a la IA por las oportunidades que presenta en la creación de sistematizaciones y conjuntos de información que, de otro modo, serian muy complejos y agotadores para ser integrados a los sistemas convencionales de enseñanza.

El cambio en la educación condujo una estela de buen uso educativo de esa tecnología adaptable, escalable, accesible y humana de la IA. El desafío entonces es pensar fuera de la caja y desmantelar las viejas estructuras, señalar a los nuevos sistemas, creando un impacto humano en la IA aplicada a la educación.

Ahora, más que nunca, los responsables del material educativo tienen la responsabilidad de tomar decisiones juiciosas en torno a la tecnología y de abordar cuestiones críticas como la privacidad y la seguridad en la recolección y uso de datos en la IA para fomentar un aprendizaje más eficiente y efectivo.

Finalmente, la IA puede ayudarnos a mejorar exponencialmente la forma en que aprendemos, permitiéndonos aprovechar todos nuestros recursos para crear una educación más efectiva, eficiente y personalizada. Pero también, tenemos la responsabilidad de utilizar la tecnología de manera innovadora, demostrando valores morales y éticos con sentido crítico, equilibrando así la tecnología y la enseñanza a la medida de nuestros estudiantes jóvenes, profesionales y líderes a nivel global.

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