Daniela Gutiérrez de Velasco, CREADORA DE @HEALTHYKIDS_MX

Cuando nos convertimos en mamás tenemos la hermosa responsabilidad de cuidar a nuestros hijos y esto conlleva una inmensa serie de actividades, desde bañarlos, vestirlos, alimentarlos, crear y mantener una rutina, manejar con amor sus berrinches, poner límites, enseñarles valores, etc.

En este artículo solo voy a desglosar una de ellas, la parte de la alimentación. Al nacer nuestro hijo, uno de los principales objetivos es que suba de peso y crezca de manera óptima, ya sea a través de nuestra leche materna o por medio de la leche de fórmula. Así que, pareciera que todo recae en nosotras, dejando de fuera otros muchos elementos que la mayoría de las veces no podemos controlar, como son las enfermedades u otros factores fisiológicos, como el sueño en los primeros meses de vida.

Cuando el bebé cumple seis meses y empieza con alimentos sólidos, llega una bomba de emociones y de nerviosismo. Todo es nuevo, no sabes ni por dónde empezar; además, todos tienen opiniones al respecto, desde tu mamá, tus amigas, las influencers y el pediatra; pero sin importar lo que digan ellos, la responsabilidad sigue siendo tuya, en lo que haces o dejes de hacer, muchas veces, dudando de ti y al mismo tiempo cargando con la culpa si llega a rechazar algún alimento o incluso si tira la comida al suelo, porque seamos sinceras, todos nuestros hijos lo hacen; déjame decirte que es algo normal e incluso positivo y necesario, están descubriendo el causa y efecto, desde qué reacción haces tú cuando él hace esto, hasta como se escucha diferente cuando tira una cuchara o un alimento al suelo, ¡esto para ellos es fascinante!

Y ahí viene la parte donde comer es más que solo alimentarse.

Claro, todo tiene su causa y efecto. Es verdad que entre más cuidemos su alimentación de pequeños tendrán un mejor desarrollo y, por lo tanto, mejores hábitos, pero tampoco es garantía. Nuestro hijo no puede crecer en una burbuja donde lo protejas de todo lo “malo” o de productos/alimentos que puedan afectar su paladar y que bueno, porque comer también tiene su parte social, en la mesa se comparte la comida, pero también las pláticas, las emociones, las anécdotas, elementos más importantes que, incluso, lo que están comiendo en ese momento. Si no fuera así, ¿por qué nos gusta tanto salir a comer con nuestra pareja o amigas?

Comprendo que puede ser muy frustrante que tu hijo no coma o acepte algunos alimentos, no te desanimes, hay muchas herramientas para “rehabilitar” un niño picky o selectivo; hoy te invito a enfocarte en lo que pasa alrededor del momento de comer; ¿es un momento agradable?, ¿la familia come junta?, ¿platican de temas que les pueden interesar a todos?, ¿hay uso de pantallas al momento de comer?, ¿qué otros distractores hay? Estas son unas pautas que te pueden ayudar a reflexionar y hacer cambios que sean beneficiosos para toda la familia, lo cual incentiva a que tus hijos tengan una mejor relación con los alimentos y buenos recuerdos en torno al momento de comer.

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