Dr. Paco Paz.

Psicólogo Humanista Gestalt, Coach & Trainer / Desarrollo Humano – Profesional – Espiritual. 

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En la consulta, a menudo escucho historias de adultos que funcionan a la perfección: cumplen metas, sostienen familias y escalan montañas corporativas; sin embargo, detrás de esa fachada de eficiencia, suele haber un vacío persistente. Como psicoterapeuta, sé que ese vacío tiene nombre: “Ausencia de nuestro niño interior”.

𝗟𝗮 𝗮𝗿𝗺𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗱𝘂𝗹𝘁𝗼 𝘃𝘀. 𝗟𝗮 𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝘁𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗹 𝗻𝗶ñ𝗼

Desde la mirada humanista, el crecimiento no debería ser una sustitución de etapas, sino una integración. El problema es que, en el proceso de “madurar”, muchos de nosotros silenciamos nuestra tendencia actualizante (esa fuerza interna que nos impulsa hacia el crecimiento y la curiosidad), para cumplir con las expectativas externas.

Abril, el mes de la niñez, es el recordatorio perfecto de que nuestra salud mental depende de la capacidad de volver a ser congruentes.

¿Qué tan lejos está el adulto que eres hoy de aquel niño que alguna vez fuiste?

𝗨𝗻𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗮 𝗹𝗮 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗮𝗰𝗲𝗽𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗶𝗻𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹

Sanar el vínculo con nuestro niño interior no es un ejercicio de nostalgia, es un acto de justicia terapéutica. Aquí te comparto tres pilares para este reencuentro:

* 𝗘𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮 𝗲𝗺𝗽á𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝘂𝗻𝗼 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼:

Si hoy ese niño que fuiste se sentara frente a ti, ¿qué te diría? Quizás te pediría que dejes de ser tan severo contigo mismo. Aprender a hablarnos con la misma ternura con la que le hablaríamos a un pequeño de cinco años es el primer paso hacia la sanación.

* El juego como terapia:

El juego es el lenguaje natural de la infancia, pero también es el espacio donde el adulto recupera la creatividad. No necesitas un tablero; necesitas permitirte momentos de “no-productividad” donde el único fin sea el disfrute.

* Abrazar la vulnerabilidad:

Ser adulto no es ser invulnerable. Reconocer que tenemos miedo, que necesitamos un abrazo o que simplemente queremos llorar, es darle permiso a nuestro niño interior de existir sin juicios.

El diagnóstico final

Este “Día del Niño”, mi invitación no es a que compres un regalo, sino a que te conviertas en el entorno facilitador que tu niño interior necesita. No busques la perfección, busca la autenticidad. Al final del día, la plenitud no se encuentra en cuánto hemos logrado, sino en qué tan cerca estamos de nuestra esencia más pura.

¡Feliz mes de la niñez para el pequeño gran maestro que vive en tu interior!

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