Por: José María Enríquez. Psicólogo infantil / Psicoterapia para niños y adolescentes.

La Navidad representa para la mayoría de los adultos, una estación emocional que huele a tradición y sabe a recuerdos. Para los niños, suele ser un escenario vivo en el que la magia convive con sentimientos que a menudo pasan desapercibidos entre el ruido de villancicos y compras de último minuto.

Los más pequeños del hogar viven estas fechas con más intensidad, ya que la ilusión se mezcla con asombro, pero también con temores silenciosos. Quizá puedan formularse preguntas como: “¿Y si santa o los reyes magos no vienen?” o “¿entrará a mi cuarto?”, dichas interrogantes pueden parecer ingenuas a ojos adultos, pero para ellos tienen un peso real. Es entonces cuando
la navidad se convierte así en un cuento que deben poder entender a su propio ritmo, sin prisas ni revelaciones anticipadas, que logre acompañar esa fantasía, sin romperla ni sobrecargarla, verlo así, representa una forma de respeto emocional.

En la edad escolar, la Navidad adquiere un matiz social. Las conversaciones en el recreo giran en torno a regalos, viajes y planes familiares por lo cual, para muchos niños, este intercambio es emocionante; para otros, doloroso. Las diferencias materiales y familiares se hacen más visibles en diciembre, y es ahí donde los adultos podemos ayudar a que los pequeños comprendan que su valor no depende de lo que reciben, sino de lo que son y de la red afectiva que los sostiene.

La Navidad ofrece un espacio único para que los niños vivan y comprendan el amor desde múltiples dimensiones: el afecto familiar, la generosidad, la empatía y la pertenencia. Al acompañarlos con sensibilidad y presencia, los adultos pueden convertir estas fechas en experiencias afectivas significativas que fortalezcan su desarrollo emocional y sus vínculos más importantes.

Al final, más allá de las luces, los regalos y las posadas, la Navidad es un gran escenario emocional en el que los niños nos muestran quiénes son y cómo sienten el mundo. Tal vez el gesto más valioso que podemos ofrecerles no venga envuelto en papel brillante: es nuestra presencia auténtica, nuestra disponibilidad para escuchar y el mensaje profundo de que, en esta época del año, así como en cualquier otra, sus emociones tienen un lugar seguro.

Aprovecho este momento para desearte que pases una ¡feliz navidad y un próspero año nuevo 2026!, lleno de salud, amor y de la bendición de tener a tus hijos a tu lado.

Acompañar con empatía, presencia y calma convierte la navidad en una oportunidad para fortalecer el mundo emocional de los niños.

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