Por: José María Enríquez, Psicólogo infantil/psicoterapia para niños y adolescentes. 

Un niño que siente a su padre cercano desarrolla una confianza interna inquebrantable, aprende que su valor no depende de logros externos, sino de quién es como persona.

La figura paterna ha cambiado significativamente en los últimos años. Hoy los padres ya no son únicamente proveedores o figuras de autoridad; también son referentes emocionales, es decir, la forma en la que un niño observa a su padre expresar sus emociones, resolver conflictos y relacionarse con otros influirá en la manera en que aprenderá a comprenderse a sí mismo.

El verdadero poder de un padre no reside únicamente en lo que provee, sino en lo que inspira, ya que el reto más grande no es dar más, sino dar mejor: tiempo de calidad, escucha genuina, valores sólidos y un ejemplo que perdure más allá de la vida misma.

Un padre es, en esencia, un arquitecto de destinos. Sus palabras, gestos y silencios se convierten en los cimientos invisibles sobre los que sus hijos construirán su identidad; este legado, cuando se cultiva con amor y conciencia, trasciende generaciones.

Como papá puedes construir un legado emocional sólido con principios y acciones claras, tales como:

• Confianza: ayuda los niños a que sepan que siempre pueden acudir a ti sin miedo a ser juzgados.

• Resiliencia: enséñales a levantarse después de un fracaso.

• Crea espacios padre-hijo sin objetivos: no todo momento compartido necesita convertirse en enseñanza, disciplina o productividad. Salgan a caminar, cocinar juntos, arreglar algo en casa o simplemente jugar sin una meta específica, ya que esto crea un contexto donde los niños suelen hablar espontáneamente sobre lo que sienten. Con frecuencia, las conversaciones más importantes ocurren cuando nadie las está forzando.

• Rituales o tradiciones familiares que generen recuerdos: no necesitan ser grandes celebraciones, puede ser una cena especial semanal, leer juntos antes de dormir o un desayuno familiar los fines de semana.

• Haz preguntas diferentes, muchos padres les dicen a sus hijos: “¿Cómo te fue en la escuela?” Y reciben un simple “bien.” Prueba preguntas que conecten con emociones: “¿Qué fue lo más divertido de tu día?”, “¿hubo algo que te sorprendió?”, “¿qué fue lo más difícil de hoy?”, “¿hubo algo que te hizo sentir orgulloso?”, si las preguntas cambian, muchas veces los niños logran expresar mejor sus emociones.

Con el paso del tiempo, los juguetes cambian, las etapas terminan y las pequeñas manos dejan de buscar las nuestras con la misma frecuencia. Sin embargo, aquello que fue sembrado emocionalmente permanece, ya que el legado más valioso que un padre deja a sus hijos no es tan solo lo que podrán heredar algún día, es aquello que llevarán dentro de su corazón durante toda la vida.

En este día del padre, más allá de celebraciones y obsequios, invito a cada papá a detenerse y preguntarse: ¿qué historia quiero que mis hijos cuenten de mí cuando hablen de su infancia?

Un padre presente, mentor y guía, no solo marca una vida: moldea el futuro de generaciones enteras, dejando una huella que el tiempo no puede borrar.

¡Feliz día del padre!

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