
Dr. Paco Paz. 𝗣𝘀𝗶𝗰ó𝗹𝗼𝗴𝗼 𝗛𝘂𝗺𝗮𝗻𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗚𝗲𝘀𝘁𝗮𝗹𝘁, 𝗖𝗼𝗮𝗰𝗵 & 𝗧𝗿𝗮𝗶𝗻𝗲𝗿 / 𝗗𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗛𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼 – 𝗣𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 – 𝗘𝘀𝗽𝗶𝗿𝗶𝘁𝘂𝗮𝗹.
AVISO COFEPRIS 2630082002A00046
Mayo suele inundarnos con imágenes de maternidades jóvenes: manos pequeñas sosteniendo ramos de flores y risas infantiles; sin embargo, desde una perspectiva humanista, existe una faceta de la maternidad que merece ser celebrada con la misma —o incluso mayor— intensidad: la de nuestras madres que hoy transitan por la plenitud de la edad adulta mayor.
Llegar a esta etapa no es un declive, sino un proceso de “cosecha”. Como hijos, nos enfrentamos a un cambio de roles que pone a prueba nuestra capacidad de amar, no desde la necesidad de protección que teníamos de niños, sino desde la gratitud de quienes ahora cuidan el jardín que ellas plantaron.
𝗜𝗻𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗿 𝗹𝗮 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗱𝗮: 𝗗𝗲 𝗹𝗮 𝗼𝗺𝗻𝗶𝗽𝗼𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱
Durante décadas, vimos a mamá como una figura inagotable. En el enfoque humanista, reconocer su envejecimiento no debe ser un acto de tristeza, sino de validación. Aceptar que su paso es más lento o que su memoria selecciona con más cuidado qué atesorar, nos permite conectar con su esencia más pura.
𝗧𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗶𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗲𝗹𝗲𝗯𝗿𝗮𝗿 𝗮 𝗺𝗮𝗺á 𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝗺𝗮𝗱𝘂𝗿𝗲𝘇
Para este 10 de mayo, te invito a que el regalo no sea solo un objeto, sino una nueva forma de relacionarte con ella:
𝟭. 𝗟𝗮 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗼𝗳𝗿𝗲𝗻𝗱𝗮: Nuestras madres mayores tienen historias que han contado mil veces. Escúchalas como si fuera la primera. En la narrativa de sus recuerdos es donde ellas encuentran su identidad y sentido de vida.
𝟮. 𝗥𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗮𝗿 𝘀𝘂 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗻𝗼𝗺í𝗮: El humanismo nos enseña que la dignidad reside en la capacidad de decidir. Aunque queramos “maternarlas”, es vital permitirles seguir eligiendo sobre su ropa, sus salidas y sus deseos, mientras su salud lo permita. No las infantilices; hónralas.
𝟯. 𝗟𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲: En un mundo de prisas, el tiempo es el lujo más caro. Estar ahí, sin el celular en la mano, simplemente habitando el mismo espacio, es el bálsamo que más necesitan.
𝗘𝗹 𝗹𝗲𝗴𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘁𝗲𝗿𝗻𝘂𝗿𝗮
Acompañar a una madre adulta mayor es enfrentarnos a nuestro propio espejo. Es entender que la vida es un ciclo de fragilidad y fortaleza. Este mes, celebremos a esa mujer que, aunque hoy necesite nuestro brazo para caminar, sigue siendo el faro que
guía nuestra ética y nuestro corazón.
“𝑪𝒖𝒊𝒅𝒂𝒓 𝒂 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏 𝒖𝒏𝒂 𝒗𝒆𝒛 𝒏𝒐𝒔 𝒄𝒖𝒊𝒅ó 𝒏𝒐 𝒆𝒔 𝒖𝒏𝒂 𝒐𝒃𝒍𝒊𝒈𝒂𝒄𝒊ó𝒏 𝒑𝒆𝒏𝒐𝒔𝒂, 𝒆𝒔 𝒆𝒍 𝒂𝒄𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒓 𝒎á𝒔 𝒔𝒊𝒎é𝒕𝒓𝒊𝒄𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒙𝒊𝒔𝒕𝒆.”
¡𝗙𝗲𝗹𝗶𝘇 𝗗í𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗠𝗮𝗱𝗿𝗲𝘀!
𝘈 𝘵𝘰𝘥𝘢𝘴 𝘭𝘢𝘴 𝘮𝘢𝘥𝘳𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘰𝘺 𝘥𝘪𝘴𝘧𝘳𝘶𝘵𝘢𝘯 𝘥𝘦𝘭 𝘰𝘵𝘰ñ𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢: 𝘨𝘳𝘢𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘯𝘴𝘦ñ𝘢𝘳𝘯𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘢𝘮𝘰𝘳 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘢𝘳𝘳𝘶𝘨𝘢, 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘴𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘮á𝘴 𝘱𝘳𝘰𝘧𝘶𝘯𝘥𝘰.
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