
Psic. Rosela Abaroa Garrido.
¡Bienvenido 2026! Con un año nuevo, le hacemos espacio a nuevas ilusiones y propósitos; también nos damos la oportunidad de agradecer lo aprendido durante el año anterior y de soltar aquellas situaciones que nos han traído hasta donde estamos hoy.
Si te has planteado nuevos objetivos para este año, este artículo te va a interesar. Es común que, al iniciar un nuevo ciclo, nos pongamos metas desde la exigencia o desde los “debería”. Hoy quiero invitarte a reflexionar y a explorar una forma distinta de relacionarte contigo mismo: una que tenga como base la compasión. Que sea esta voz de cuidado, alineada con tus valores, la que te impulse.
Antes que nada, pregúntate: ¿Este propósito nace de la autocrítica o está realmente alineado con la vida que deseo construir?
La autocrítica, en ocasiones, puede estar disfrazada de motivación. Su función es señalarnos errores, ayudarnos a corregirnos y evitar el rechazo de las personas que nos rodean. El problema aparece cuando esta voz crítica se convierte en la única que escuchamos y viene acompañada de mensajes como: “eres un flojo, debiste haberte levantado a las 4 de la mañana para ir al gimnasio”. Lejos de impulsarnos, este tipo de diálogo interno suele generar más estrés, culpa y desgaste emocional.
Una vida valiosa no se construye solo con disciplina, sino con una relación más amable contigo mismo, especialmente cuando las cosas no salen como esperabas. Y, por si necesitas leerlo: está bien no estar bien, está bien sentir cansancio, enojo o tristeza; se vale volver a empezar y, sobre todo, se vale que no sea perfecto.
Desde una mirada compasiva, las metas no son una forma de castigarnos por aquello que no hicimos, sino una invitación a acercarnos a la vida que deseamos construir. La compasión no significa rendirse; significa afrontar con valentía y flexibilidad los retos de la vida, al mismo tiempo que nos permitimos reconocer lo que duele.
La compasión nos recuerda que el ritmo no tiene que ser perfecto para ser significativo, y que avanzar también implica pausar, hacer ajustes y volver a intentarlo. Por ejemplo, si un objetivo planteado desde la autocrítica suena así: “Tengo que hacer ejercicio porque estoy fuera de forma. Si no voy todos los días, no voy a lograr nada”, una forma compasiva de replantearlo podría ser: “Quiero mover mi cuerpo porque valoro mi salud. Hoy estoy cansado/a, así que salir a caminar diez minutos también es cuidarme”. De esta manera, elegimos acercarnos a una vida valiosa desde el cuidado y la flexibilidad.
Antes de concluir, te invito a regalarte una pausa para reflexionar: 1. Elige una meta que te hayas planteado para este año.
2. Identifica el valor que hay detrás de este propósito. ¿Qué es lo importante para ti?
Por ejemplo: ir al gimnasio – cuidar tu salud; buscar un ascenso- desarrollarte profesionalmente.
3. Observa cómo te hablas cuando piensas en esta meta. ¿Aparece una voz crítica?
4. Desde la compasión y el autocuidado, reconociendo tu estado actual, pregúntate:
¿Cuál es un paso posible que hoy me acerque a esta meta?
Cuando la compasión guía el camino, las metas dejan de ser una carga y se convierten en una forma de cuidarte mientras construyes una vida valiosa.
FB e Instagram: @observatumente
Cel. 229 133 39 34
Related posts
DE ACTUALIDAD
