
Por: Rosela Abaroa Garrido, Psicóloga.
El padre de la logoterapia, Viktor Frankl, hablaba desde la experiencia del sufrimiento y la pérdida. Su mirada nos recuerda que el sentido puede surgir, incluso, en medio del dolor, y que el ser humano tiene la capacidad de elegir su actitud ante las circunstancias más adversas.
La resiliencia se refiere a la capacidad que tiene una persona en adaptarse a situaciones complejas. Esta es una habilidad que todos podemos desarrollar. Una persona resiliente será capaz de atravesar una crisis, un momento de vida complicado o hasta traumático y será capaz de continuar con su vida, adoptando y transformando el significado de la experiencia.
Existen factores que facilitan el desarrollo de la resiliencia, como son los vínculos afectivos seguros (contar con apoyo social, vínculos familiares o comunitarios, la confianza que se tiene en uno mismo de ser capaz de enfrentar las dificultades, la capacidad de regulación emocional, la flexibilidad cognitiva), ser capaz de adaptar el pensamiento y comportamiento frente a los cambios, el poseer un sentido de propósito y metas significativas.
Aunque pareciera que hay ciertas personas que les es más “sencillo” y que, por ende, se podría asumir que es algo con lo que naces, ser resilientes es una habilidad que todos podemos desarrollar y fortalecer.
Características de una persona resiliente:
– Busca sentido incluso en medio del dolor. Tiende a preguntarse “¿Para qué?” en lugar de quedarse atrapadas en el “¿Por qué a mí?”. Esta pequeña diferencia puede marcar un gran cambio en la forma de procesar una experiencia difícil.
– Reconoce sus emociones sin juzgarse. No busca suprimir lo que siente, sino permitirse atravesar el dolor, el enojo o la tristeza, con amabilidad y sin vergüenza.
– Pide ayuda cuando la necesita. Ha aprendido que apoyarse en los demás no es signo de debilidad, sino de sabiduría y conexión. – Es flexible ante lo incierto. Sabe que los planes pueden cambiar, que a veces toca soltar el control y ajustar el rumbo.
– Aprende de la experiencia. No niega lo vivido, pero se pregunta: “¿Qué puedo aprender de esto?” o “¿Cómo me ha transformado esta experiencia?”.
– Cultiva la esperanza realista. Nos se trata de optimismo ingenuo, sino de confiar en que puede atravesar la tormenta, incluso si aún no ve la salida.
Claves para desarrollar la resiliencia:
1. Cuida de ti como cuidarías de alguien que amas. Esto incluye el descanso, la alimentación, el movimiento y, también, los pensamientos que te diriges.
2. Fortalece tus redes de apoyo. La resiliencia no es un camino solitario. Habla, comparte, permite que te sostengan. También tú puedes ser un refugio para alguien más.
3. Desarrolla la autocompasión. Práctica tratarte con la misma comprensión que le ofrecerías a un ser querido. Recuerda: Estás haciendo lo mejor que puedes con lo que tienes.
4. Acepta lo que no puedes controlar y actúa sobre lo que sí. Esta distinción puede ayudarte a enfocar tu energía de forma más sabia y cuidadosa.
5. Conecta con tu propósito. Tener claridad sobre lo que te mueve (una causa, una relación, un valor) puede ser un ancla en tiempos difíciles.
Cultivar la resiliencia no significa evitar el dolor, sino aprender a convivir con él sin que te quite tu capacidad de amar, de confiar o de seguir adelante. Se trata de reconstruirte con conciencia y compasión, sin prisa, sin exigencias, a tu ritmo.
Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismo. (Viktor Frankl)
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