Por: José María Enríquez, Psicólogo infantil

Un reto se aproxima, en algún momento, para miles de padres que conviven con sus hijos adolescentes y es que, se encuentran ante la disyuntiva de comprender el deseo de autonomía por parte del joven y la percepción que se tiene como adulto, de que todavía su hijo no está preparado para esa independencia, donde en ocasiones, ante el uso del control excesivo se da pie a la rebeldía y el conflicto.

Lo que transmitimos a nuestros hijos es lo que somos en verdad, en ese sentido, en la adolescencia los jóvenes pueden llegar a cuestionar las normas y valores familiares, observando atentamente la congruencia entre nuestros comportamientos y nuestras palabras, ser modelos para los adolescentes en esta etapa supone, entonces, una gran responsabilidad y un esfuerzo constante, que nos exige revisar las creencias y costumbres que han pasado de generación en generación, hasta llegar a nosotros; para que, de ser necesario, nos detengamos en el camino a reflexionar sobre las nuevas circunstancias que se van presentando con los hijos adolescentes y modificar, si es conveniente, el modo de actuar y relacionarse con ellos.

Lo primero que tendríamos que reconocer, es que debemos acompañar empáticamente a los adolescentes en estos cambios, teniendo presente que las estrategias de crianza, de comunicación y de manejo emocional de la infancia, ya no valen del todo en este nueva etapa, por lo que es momento de volverse a conectar emocionalmente, admitiendo que para ellos, los amigos (la pertenencia a un grupo de iguales), es en este momento lo más importante, ya que los hace sentirse aceptados e integrados en un grupo, y aunque esto sea duro de procesar, como padres será importante admitir que el niño pequeño se fue y ahora, se está ante otra oportunidad para crecer juntos como familia.

Mamá y papá, así como cualquier otro adulto que conviva con un adolescente, si necesitas fomentar la conexión emocional con un joven, recuerda:

– Da a tu hijo la libertad de correr riesgos razonables, sin ofrecerle ayuda que no necesite, permitiéndole al adolescente la independencia apropiada para su edad.

– Evitar tomar como afrenta personal la rebeldía y las críticas de tu hijo, más bien míralo como una parte necesaria de su proceso de crecimiento, tratando de entender la forma en que él o ella, experimentan su propio mundo, no intentando analizarlo, sólo acompáñalo.

– Aprovecha la adolescencia de tu hijo, para probar nuevas formas de relacionarte con él, observando cómo te comunicas con ellos, identifica si tiendes a ser autoritario, pasivo o abierto en la comunicación, recuerda estar preparado para las altas y bajas en las emociones de tu hijo, él o ella siempre necesitarán tu comprensión y serenidad.

– Procura ser cuidadoso con los comentarios que haces o dejas de hacer al adolescente, trata de no herir su sensibilidad, evitando no hacerle miles de preguntas, confía en él y lo más importante: no interfieras en los momentos en que el joven prefiera estar solo.

– Evita sermones o consejos, como:¨en mis tiempos…¨ ya que es una frase que acaba con la comunicación con un adolescente.

– No juzgues a tu hijo, simplemente reconoce sus sentimientos, para que pueda tranquilizarse y más tarde, reflexionar sobre lo sucedido, evitando interrogarlo cuando esté alterado, tratando de sacar información sobre el porqué de su enojo, o sobre qué le pasa, espera a que el joven este tranquilo para hablar.

– Permite al adolescente decidir sus actividades personales, dentro de ciertos límites.

– No pretendas ser su amigo, el adolescente necesita la figura paterna y materna, trata de establecer el tipo de relación que quisieras tener con tu hijo cuando sea adulto.

– Respeta el silencio y la intimidad de tu hijo, permitiendo que hable hasta donde él decida.

– Ten paciencia con tu hijo y contigo mismo, para tratar de mantener la comunicación abierta, incluso en momentos difíciles.

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