Dra. Itzel González Muñoz, Rehabilitación Oral.

Hoy en día sabemos que el contagio del virus SARS-CoV2 (causante de COVID-19) se da por contacto directo; es decir, persona a persona a través de las vías respiratorias por gotas o aerosoles; si tomamos en consideración la naturaleza de nuestra práctica odontológica, en la que la mayoría de los procedimientos genera una cantidad significativa de aerosoles y gotas, y la proximidad de trabajo a la zona orofaríngea, entonces se vuelve comprensible la preocupación por el alto riesgo de transmisión en nuestra práctica dental, existe un riesgo latente  de infección cruzada y propagación del virus.

Corremos un alto riesgo de podernos convertir en portadores potenciales de la enfermedad, ya que hay posibilidades significativas  de que podamos tratar una parte de los pacientes con COVID-19 asintomático o incluso en periodo de incubación (del cual sabemos puede tardar de 2 a 14 días).

Al principio de acuerdo a las recomendaciones de la literatura y  las diferentes asociaciones dentales, estábamos limitando los tratamientos, proporcionándolos únicamente a aquellos  pacientes que requirieran de emergencias, esto, con el fin de minimizar la propagación del virus, la ADA (American Dental Association) dividió los procedimientos dentales en “emergencias dentales” y “procedimientos de rutina que NO son emergencia” considerando  las emergencias dentales las potencialmente peligrosas para la vida y que requieren de tratamiento inmediato, (que aun así son diversos) y los procedimientos de rutina o no urgentes, aquellos que pueden posponerse sin ninguna amenaza para el paciente pudiendo ser tratados más tarde.

La  gran mayoría de los cirujanos dentistas respetamos, por temor y seguridad de nuestros pacientes y familias, sin embargo, sustentados tanto en la economía como la demanda de nuestros servicios en salud oral, no podemos seguir posponiendo nuestras labores, deberemos seguir prestando nuestros servicios, pero bajo estrictas normas de bioseguridad, con base en la evidencia disponible.

¿Cuáles son las estrategias implementadas de acuerdo a las normativas internacionales?

En primer lugar, el realizar cuestionarios de emergencia (normalmente por teléfono) mediante el cual se  pueda medir la gravedad de la condición y riesgo del paciente (y así tomar la decisión de proporcionar la atención dental), ya en la clínica establecer una zona de triage, donde se lleve a cabo un control registrando la temperatura de cada miembro del personal y paciente como procedimiento de rutina.

Higienizarse las manos, antes de cualquier procedimiento, evitando tocarse ojos, boca, nariz; el uso de barreras de protección (como siempre), incluyendo lentes de protección, cubre bocas, guantes, gorras, protectores faciales como caretas y ropa exterior protectora, (batas desechables); el uso de enjuague bucal previo al procedimiento que contenga agentes oxidantes como peróxido de hidrógeno al 1% o povidona al 0,2%, recomendado con el fin de reducir la carga salival de los microbios orales (entre 20 y 30seg); para limitar la generación de aerosoles o salpicaduras, es indispensable el uso de dique de hule junto con el uso de succiones de alto volumen (se ha reportado la reducción hasta un 70 % de microbios en el aire a una distancia de 1.15 m alrededor de la zona operatoria), el uso de piezas de mano con válvulas antirreflujo, o incluso el uso de técnicas de restauración atraumática (químico-mecánicas) también están sugeridas.

Los aerosoles pueden permanecer en el aire del área operatoria hasta 30 minutos después de un procedimiento, y el virus puede persistir en determinadas superficies desde 2 horas hasta 9 días después, por lo tanto, es de suma importancia la desinfección del entorno clínico, el uso de desinfectantes que contienen 62 a 71% de etanol, 0,5% de peróxido de hidrógeno, e hipoclorito de sodio al 0,1%, son los recomendados.

Estamos comprometidos en tratar a los pacientes y en brindar la atención más esencial y adecuada, y no podemos dejar de mencionar la importancia de mantener la salud oral, (estudio  publicado en el Journal of the California Dental Association hace referencia a pacientes COVID hospitalizados con enfermedad de las encías preexistente con mayor niveles de inflamación y  mucho más propensos de sufrir insuficiencia respiratoria) las medidas dentales preventivas van dirigidas en la misma línea de siempre: mantener la higiene bucal adecuada, haciendo uso del hilo dental, cepillado dental posterior a cada alimento, ayuda de enjuagues bucales libres de alcohol y restringir la dieta de alimentos dulces o altamente cariogénicos, lo que se vuelve complicado tomando en consideración que estamos pasando más tiempo en casa.

Como profesionales de la salud oral debemos ser conscientes que tenemos un alto riesgo de exposición y contagio y por lo tanto  de propagar la infección a la comunidad, podemos seguir trabajando, pero siguiendo las pautas para garantizar nuestra seguridad y así la de los pacientes.

Atiende: Carillas, resinas, profilaxis dental, aclaramientos dentales, rehabilitación sobre implantes. 

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