Por: Julieta Enríquez, Writer, Speaker TED Talk & Coach.

Nos pesa, nos asfixia, si lo único que sale de la voz es un aullido que lastima, “el dolor” se expande, desde la médula hasta los poros de la piel, el corazón se aprieta y en el estómago se siente con un gran vacío, la mirada se pierde en recuerdos y nada te alivia. ¡Ay dolor, dolor que no te quitas ni con morfina! Aunque grites, te hinques, llores, cuestiones o reclames, el dolor es una lenta agonía o a veces, un golpe letal que te hace morder el polvo, es lo que no esperabas que pudiera pasar, llega te impacta y no lo ves venir, puedes llorar un rio, golpear mil veces la almohada, correr hasta el cansancio, distraerte, evadirte y no se te va a quitar, es un dardo en el corazón, sientes que por dentro te consume, te quema y cuando te duele tanto por dentro ya no se siente lo que te lastima por fuera.

El día que la conocí, Virginia Sendel empezó su discurso diciendo:

“Esta fundación nació del Dolor y después se transformó en un acto de amor”.

La piel se me erizo al escuchar sus palabras, mientras me cuestionaba: ¿Cómo se puede transformar el dolor en amor?

Virginia vivió esa sensación, donde parece que la carne se desgarra y el cuerpo no alcanza para contener el alma, cuando se nos arranca un pedazo que se va con los que amamos y ella perdió a su hija y a un nieto en un incendio. Después de esa experiencia contar su verdad una y otra vez, conversar sobre el dolor, cuantas veces le preguntaron todos los medios de comunicación fue lo que la salvo, hablarlo, para ella fue su mejor terapia, para poder sacar el dolor, la ansiedad y la angustia, aunque siente que hay un vacío que se queda para toda la vida asegura que, ninguna terapia va a funcionar si no compartes en una conversación lo que sucedió y como te sientes:

“Si no lo dices y lo traes atorado, te hundes. He visto a las mamás de otros niños quemados aullar gritando, el dolor te cambia y no hay una fórmula para salir de él, pero sin duda, hablarlo es muy importante”.

Son las palabras las que nos sanan, necesitamos conversarlo para asimilarlo, pero ¿con quién hablamos de nuestro dolor?, ¿con quién nos permitimos ser vulnerables y abrir el corazón?

Al dolor hay que procesarlo y no es fácil hacerlo, hay que transitar, una a una, las etapas que la tanatología nos plantea para superar los duelos:

NEGACIÓN: En esta etapa tratamos de evitar el dolor, la conversación interna es que esto no puede estar pasando, no es posible, perdemos sentido y nos sentimos abrumados.

IRA: Buscamos sacar el dolor de nuestra vida argumentando: ¿Por qué a mí?, ¡no es justo!, ¿qué hice para merecerlo? A través de experimentar la ira evitamos tocar el dolor.

NEGOCIACIÓN: Es la etapa más breve y la conversación se llena de preguntas que buscan alivio en supuestas posibilidades. ¿Qué hubiera sucedido si…? Parece que tratamos de hacer un trato con Dios y redireccionar la vida para aliviar el dolor.

DEPRESIÓN: La tristeza nos está agotando, se impactan nuestros estados de ánimo oscureciendo las posibilidades. ¿Para qué seguir?, ¿qué sentido tiene ahora vivir?, ¡nada será igual! Aquí el dolor se siente y nos pesa.

ACEPTACIÓN: Escuchándonos y observándonos podremos ir sanando las heridas que los duelos dejan, aquí hacemos las paces con el dolor y poco a poco, somos capaces de entender una nueva realidad, donde algo ya no será igual y dependerá de nosotros cómo acomodar las piezas de nuestro rompecabezas personal, para volvernos a equilibrar.

El dolor como lo define su etimología “doloris, doleré”, se trata del resultado de una acción que nos golpea y termina puliéndonos, no somos los mismos antes a después de estos procesos, hay que dejar a la tristeza asomarse, a las lágrimas escurrirse, a los suspiros liberarnos, al cuerpo hablarnos, a la mente procesar, al alma soltar y al corazón sanar, pues si por miedo al dolor nos cerramos al amor, en realidad solo nos estaremos cerrando a la vida.

Esta es una tremenda lección de vida para todos, aprendamos a ser empáticos, gestionar nuestras emociones para procesar lo que está sucediendo y enfrentar los nuevos retos, juntos en acompañamiento será más amable y sencillo este camino hacia una nueva realidad, más conscientes y en equidad.

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