Hola soy Luzeldy Morales y te comparto mi historia…

¡Qué tiempos tan violentos cuando aparece un monstruo de mil cabezas!, ¡así de repente! y tiene al planeta entero en una alerta máxima, en la confusión total y en el luto permanente, para quienes han perdido seres queridos.

Al no saber qué hacer y cómo detener este monstruo, con el paso de los meses y conforme fue llegando a cada país, puso en jaque a científicos, médicos y todos los aparatos de salud del mundo entero; mientras tanto, las medidas básicas han sido la única forma de detener los contagios, mientras que sale una vacuna.

Desde un principio decidí tomar todas las medidas necesarias y me quedé en casa, solo salía para lo necesario, algunas cosas las pedía por servicio a domicilio y otras en salida obligada al súper; desinfectaba absolutamente todo, al nivel de generarme mucho estrés y pensar si habría desinfectado todo bien, en fin, tenía que confiar.

En mi rutina de vida no puede faltar hacer ejercicio, correr es lo que más amo y disfruto, ya ahora son varios años haciéndolo y a través del tiempo fui modificando hábitos y he aprendido a alimentarme y nutrirme bien hasta llegar a este punto, donde ya no hay marcha atrás y así seguiré por siempre, pero ¿por qué lo digo?:

Esa mañana desperté con un ligero dolor de cabeza, cuando digo ligero es literal, tomando en cuenta que rara vez me da migraña y que conozco lo que es un dolor de cabeza, también me picaba ligeramente la garganta, como padezco rinitis crónica pensé que seguramente era eso pues así empieza, incluso peor. Decidí llamarle a mi doctor para preguntarle qué tomar y lo primero que me dijo fue: “Tienes que hacerte la prueba para COVID-19, PCR” (siglas en inglés de Reacción en Cadena de la Polimerasa), sí, esa que te meten el cotonete por la nariz. Ese mismo día fui, al igual que mi hija, en el tiempo de espera pensaba: Por favor que salgamos negativas. Cuando llegó el resultado “positivo para mí”, negativo para mi hija. ¡Todos los miedos pasaron por mi cabeza! Ok, Señor aquí voy, en tus manos estoy, pensaba.

Aislada en mi habitación a seguir al pie de la letra las indicaciones médicas, chequeo con oxímetro, así como los medicamentos y mis preguntas más importantes al doctor Remes, a quien aprecio mucho, fueron: ¿Cuánto tiempo voy a estar así?, ¿puedo hacer ejercicio?

Su respuesta: No puedes hacer ejercicio, pero sí debes caminar, hazlo alrededor de tu cama y haz yoga, debes estar 3 semanas, así que tranquila toma cursos en línea de tejido, bordado, cocina, de lo que quieras, porque todavía falta. Entiendo que él lo decía así, pensando que podría suceder cualquier cosa.

Aislada, donde el amor de mi vida desde afuera estuvo pendiente de mí, yo solo abría la puerta para revisar la mesita afuera de mi habitación, pues siempre tuve hambre, hacíamos facetime a la hora de la comida, para comer juntos y ponernos al día.

Pero, un momento, ¿y el dolor de cabeza?, ¿la garganta? Al tercer día ya no había nada, nunca tuve fiebre, nunca me dolió el cuerpo, nunca perdí el gusto, ni el sabor, no sentía nada distinto, solo el insomnio que en toda una vida no había tenido.

Sí, debo decir que entré en una fase donde me checaba cada 2 hora con el oxímetro y siempre saturé entre 98 y 99, algunos días me sentí fatigada, pero solo eso; tenía mucha angustia de que en cualquier momento no pudiera respirar o que algo cambiara, fue un subir y bajar de sentimientos, no hubo un día que no caminara por la mañana e hiciera yoga por la tarde, eso si mi FE siempre estuvo firme.

En introspectiva, soy tan bendecida de poder estar escribiendo estas líneas, no puedo ni siquiera imaginar el dolor que debe estar sintiendo tanta gente en el mundo por ver partir a sus seres queridos y otros que están luchando por culpa de este virus. Este es un tiempo para replantear cosas, dejar lo superfluo por lo genuino, en mi vida hay un antes y un después de la cuarentena.

Aun cuando no es garantía, si ayuda y ayuda muchísimo el ejercitarse, tener hábitos saludables, comer bien y ahora, mientras llega la anhelada vacuna, tomar todas las precauciones necesarias, este virus está aquí.

Debemos ser responsables, tenemos la obligación moral de cuidarnos y cuidar a los demás, de otra forma las cosas se pueden poner peor, nuestros jóvenes deben ser más conscientes, pero como padres debemos poner el ejemplo. Sé que hay personas que aun siendo positivas estuvieron saliendo, sé que hay personas que siendo positivas rompen sus cuarentenas, se de personas que teniendo síntomas no se hacen la prueba, se de personas que nunca imaginarían que pudieran ponerse tan graves por su fortaleza física y hoy están luchando por vivir. El problema no es que te contagies, el problema es que te contagies y las cosas se compliquen.

Piénsalo, yo soy afortunada y muy bendecida, puedo contarlo y así mismo, deseo que no haya secuelas con el paso del tiempo.

Es tiempo de ser mejores seres humanos, en esta pandemia se han visto genuinas muestras de bondad, pero también los sentimientos más oscuros y ruines, de división, de ignorancia y cobardía, nuestros médicos no están pidiendo aplausos, están pidiendo respeto.

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