Por: José María Enríquez
Psicólogo infantil

La familia es un pilar invaluable en la vida de cualquier ser humano, mismo que nos brinda un espacio de encuentro único, que genera bases emocionales propias de la infancia con bellos recuerdos para la edad adulta, tales como el sabor de la comida, los olores del hogar, los juegos que hacíamos con nuestros padres, entre muchos otros motivos que forman parte de ese anhelo, por la vida en compañía de nuestros seres queridos.

Por esta razón, es fundamental entender que los primeros años de la vida determinarán, en gran parte, el modo de ser de una persona; es decir, mediante el vínculo afectivo que se establece a través del amor de la familia, los niños y adolescentes desarrollan capacidades y habilidades para hacer frente a los obstáculos, con lo que finalmente aprenden a recuperarse de las dificultades, lo cual les permitirá enfrentar los retos del futuro con capacidad de resiliencia para tener una vida satisfactoria.

Cabe destacar que, en la construcción de un desarrollo emocional saludable los padres juegan un papel esencial, generan un componente fundamental en la salud mental de los niños denominado vínculo afectivo, es decir todos aquellos sentimientos positivos de apego que se asocian de forma segura y estable, hacia otra persona, por medio de interacciones armónicas y respetuosas.

Cuando los niños están vinculados con sus padres, tienden a pensar que ellos están disponibles incondicionalmente para responder a sus necesidades, por eso confían en mamá y papá, ya que tienen la certeza de que, si los necesitan, van a responderles; es por eso también que, cuando crecemos y somos adultos, al enfrentarnos a un problema o dificultad, recurrimos a aquellas personas que sabemos van a estar disponibles para nosotros, las cuales reconocemos, de ante mano, que nos podrán apoyar, por ejemplo, nuestra familia o amigos cercanos, con los que tenemos vínculos de apego.

A través del vínculo afectivo, los padres de familia, tienden a proteger saludablemente a sus hijos, los cuales buscan en el apego seguro con sus progenitores, un refugio de protección en situaciones de posible riesgo, donde saben que, pase lo que pase, su familia los ama.

Todo lo anterior, nos lleva al análisis del término resiliencia, el cual se emplea dentro de la Psicología para hacer referencia a la capacidad que muestran algunos seres humanos de sobreponerse a situaciones adversas e incluso de tener un crecimiento a partir de ellas. Por lo que, pensando en las experiencias que recientemente estamos pasando, en tiempos de contingencia, en un mundo tan impredecible como el nuestro, no debería ser complicado entender el papel fundamental de dicha capacidad.

Pero, ¿será posible generar vínculos afectivos con nuestros niños y niñas para que sean resilientes?, ¿podríamos brindarles herramientas para la vida que los posibiliten para afrontar situaciones difíciles por medio del amor de la familia?, revisemos a continuación algunos puntos clave para lograrlo:
• Cuida tu lenguaje, recuerda que nuestras palabras tienen mucho poder, siempre habla con los niños con frases positivas, que les enseñen que en la vida hay momentos buenos y malos, donde lo importante es la calidad de nuestros pensamientos; recuérdales que nuestra forma de pensar determina nuestra forma de sentirnos.
• Mantener como padres una actitud de escucha, que permita detectar las demandas de ayuda o de atención de los niños, que facilite responder en el momento adecuado, no antes ni después, esto significa, no solo oír o escuchar su llanto o el lenguaje de los pequeños, sino también observarles a detalle para poder captar lo que dice su cuerpo, sus gestos o su mirada.
• Utilizar cuentos, ya que son recursos imprescindibles, que permiten al niño identificarse con los distintos personajes, lo que les posibilita comprender los estados de ánimo de los mismos, te recomiendo los siguientes títulos para trabajar la resiliencia con tus hijos: “Ramón preocupón”, “Carlota y las mariposas”, “Bailando bajo la lluvia”, “El pájaro del alma”, “¡Tú Puedes!”, de Ole Könnecke, “El corazón y la botella” y “Torbellino”, de Edna Iturralde.
• Sintonizar con los niños, ya que para generar empatía con cualquier menor debemos escucharlo, no sólo en lo que dice, sino también en cómo lo dice, ya que su comunicación no verbal nos brindará información sobre sus emociones, esto no significa validar siempre su comportamiento, más bien hace referencia a que los padres corrijan a su hijo, cuando sea necesario, desde el respeto y la comprensión de la perspectiva del otro.
• Enséñales a contemplar las adversidades cotidianas, como retos, destacando que una buena actitud es la clave, para salir adelante ante cualquier situación complicada, donde cada cambio que se experimenta en el entorno, es una señal para abrir nuevos retos y oportunidades.

Te recomiendo trabajar dichas habilidades con los materiales impresos del “Programa de desarrollo emocional y social dirigido”, de Maggy Velhageh De Molina, en los que podrás elegir el adecuado para tu hijo, ya que están diseñados por niveles y dirigidos para niños de 3 a 12 años.

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Consulta psicológica para niños.
Evaluación psicométrica infantil.
Psicoterapia cognitivo conductual para niños y adolescentes.

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