Por: Julieta Enríquez, Writer, Speaker TED Talk & Coach.

Todos los días escuchamos este término “Nueva normalidad”, pero empecemos por definir ¿qué es normal? Porque no sé, en qué momento se nos hizo normal, que los niños vivieran en la calle, que la corrupción sea una gangrena que permea nuestra cotidianeidad, que la violencia intrafamiliar se incremente sin poner remedio, que la delincuencia organizada haga y deshaga en este país, sin importar la ciudad, la colonia ni las horas, que sigamos explotando los recursos del planeta, contaminando e incrementando el calentamiento global. México es el país que más muertos tiene por violencia, sin ser un país en guerra y según las cifras de la UNICEF, cada día en México mueren, al menos, tres niños por violencia, en sus hogares, sí, porque se les pasó la mano a sus padres; ya ni mencionar que estamos entre los primeros lugares de abuso sexual, que cada hora 150 mujeres son violentadas, que cada día ocurren 10 feminicidios en México y que tenemos un incremento a diario de desaparecidos. ¿En serio todo esto ya se nos hace normal? ¡Tan rápido nos acostumbramos!

Recuerdo cuando entrevisté a Emilio Álvarez Icaza, destacado sociólogo, catedrático, escritor, aferrado defensor de los derechos humanos, cofundador y colaborador de organizaciones civiles, como Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), Alianza Cívica, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y por supuesto Ahora, iniciativa colectiva ciudadana para recuperar las instituciones democráticas, actualmente es senador de la República y tiene muy claro por qué mantiene un gran compromiso con la transformación de México, cuando me dice:

“No es que no tenga miedo, no es que no haya amenazas, pero eso no me va a detener, es más grande el sueño de lo que quiero que pase, que quedarme nada más viendo, para mi es más fuerte la indignación que se transforma en acción, que el temor de sentarme a ver como se descomponen las cosas y no hacer nada”.

Emilio me platicó que cuando recorrió el país, a lo largo y ancho, con Javier Sicilia, el poeta al que le asesinaron a un hijo, encontraron gente destruida, desolada, despedazada, una señora que le habían desaparecido a cuatro hijos, a otras, sus hijas o esposos, es muy triste, pero de repente esas personas encontraron que no eran las únicas, empezaron a compartir su dolor en la búsqueda de alimentar su esperanza y así, de víctimas se convirtieron en luchadoras, tal vez ya no pueden cambiar lo que les pasó, pero no querían que alguien más pasara por lo que ellos pasaron, que no sufran y que eso no se repita, pasaron de ser un caso a ser una causa, de la posición pasiva de ser víctimas, pasaron a ser defensores y promotores, constructores de esperanza para inspirar, el mismo se ha preguntado ante el dolor: ¿Qué haría si le pasara algo así a mi familia?

La gente que lloraba sus pérdidas en su casa, cuando se atrevió a llorar en público encontró solidaridad, encontró en donde compartir su dolor y eso es lo maravilloso de la construcción de la palabra, que nos encontramos, nos entendemos, a partir de platicarlo compartimos y encontramos alivio a nuestro corazón, incluso puede ser terapéutico, en estos momentos tan fuertes se requiere de una dinámica de acompañamiento, siempre, cargar algo entre varios por pesado que sea va a ser más fácil, su padre le decía ante las injusticias: “Podrán pegarte pero no permitas que te aplasten”. Y está convencido de que vale más apostar en el amor y la alegría, que en los miedos, la gente es más similar a nosotros de lo que creemos, necesitamos tener más tiempo para abrazarnos que para pelearnos.

Conversar con Emilio siempre es un deleite de profunda reflexión, para inspirarnos y ponernos en acción, yo me quedo con la reflexión: Si la indignación es la irritación con enojo, recordemos que la función del enojo, como emoción, es movernos a poner límites, a declarar un ¡basta! Entonces, ¿por qué las cosas no cambian?

Quejarse y criticar no aporta ni construye, ¿será que en lugar de indignarnos ante lo que vemos, hemos preferido ignorar? Ignorar a los niños de la calle, a los jóvenes arrastrados a la adicción, a los ancianos abandonados, a la explotación sexual, a los que han sido abusados, burlados, robados, atropellados en las más diversas formas, privados de sus derechos humanos, ignoramos la contaminación y destrucción del planeta, la corrupción de las instituciones y el maltrato animal.

¿En qué momento preferimos anestesiarnos de la realidad? Pensamos que si el problema no toca a nuestra puerta no existe, así que, no me digan que saldremos a la “Nueva Normalidad”, porque ya estábamos haciendo muchas cosas mal, esta crisis mundial nos ofrece la oportunidad de reescribir nuestra historia, porque el mundo ya no será el mismo y nosotros estamos invitados a cambiar, a construir, a crear una nueva realidad con más valores, empatía, solidaridad, consciencia y congruencia.

Dejemos de vivir a medias y comprometámonos más con un sentido social, que al final, somos una colectividad y nos afectamos mutuamente. ¡Hagamos equipo ante los desafíos más grandes que como humanidad estamos a punto de enfrentar!

Te espero en mis redes sociales para compartir lo que nos haga crecer juntos.

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