Por: Psic. José María Enríquez
Psicólogo Infantil.

Quizá las emociones, sean aquella cualidad en la vida que nos vuelve más humanos, por un lado, gozamos de la capacidad de poder sentir todo los que nos rodea, lo cual nos llena de posibilidades para aprender de nuestras experiencias y a su vez, nos encontramos ante el reto de aprender a ser mejores personas, desde lo que brindamos a alguien más de corazón.

Cada vez más padres y madres, buscan complementar la educación de sus hijos, acompañándola de un sano desarrollo emocional de calidad, que brinde recursos afectivos suficientes para garantizar el crecimiento integral del menor.

Las emociones son estados afectivos internos, que se conforman por sensaciones, pensamientos, y conductas, las cuales el niño debe ir aprendiendo a expresarlas conforme al momento y ocasión que vive, para ello es de suma importancia el modelaje de los padres, ya que nada deja mayor huella emocional en ese futuro adulto, que la propia historia de vida que un niño experimenta con sus progenitores.

Los niños viven la misma variedad de emociones básicas que los adultos (alegría, miedo, tristeza, enojo y amor) en las cuales tenemos que centrar nuestra atención para que aprendan la función que cumple cada una en su vida, destacando que no hay emociones “buenas”, ni “malas”, todas y cada una de ellas son necesarias y tienen una función en nuestras vidas. Así mismo es importante destacar que no hay edad mínima para comenzar a trabajar las emociones con un infante, siempre es un buen momento para hacerlo, incluso desde que está en gestación.

En este sentido, el desarrollo emocional del niño puede acompañarse a través del juego libre, espontaneo y placentero, ya que es una actividad que significa creatividad e imaginación en la infancia, la cual podemos ir observando que a mayor edad cronológica en el menor, incorpora mayor complejidad, en donde lo máximo para un pequeño, será en definitiva contar con la oportunidad de poder jugar con sus padres, lo cual genera un compartir y fluir con el hijo, que se vuelve modelo de aprendizaje significativo a seguir de por vida.

Mamá, papá, abuelito, abuelita, tías, tíos, maestras, maestros, y todo aquel que sea a fin a relacionarse con un niño, les recomiendo realizar el presente decálogo de juegos para el manejo de las emociones con los pequeños del hogar:

1. Enseña a los niños a poner un color o un símbolo para cada una de sus emociones, por ejemplo, amarillo-alegre, azul-triste, negro-miedo, rojo-enojo y rosa-amor; o cualquier otro que el menor quiera emplear. Realiza un calendario de la semana, en el cual cada día lleve impreso su personaje de caricatura favorito (a blanco y negro) e invítalo a que pinte su muñeco del color o los tonos que sintió durante el día.
2. Jugar a representar con títeres diferentes escenas, donde los niños actúen las diversas emociones.
3. Hacer el juego del “detective de emociones”, mostrando personajes en revistas, libros o vídeos y solicitarles que descubran las emociones que siente la persona en ese momento, quizá también invitarlos a que digan las causas por las cuales consideran que están viviendo en ese estado afectivo.
4. Elegir juntos una película, según los intereses y la edad cronológica del menor, al finalizar hacer con los niños comentarios relativos al filme, ¿qué fue lo que más te gustó?, ¿con qué personaje te identificas?, ¿qué personaje se parece a mamá, papá o hermano?, ¿por qué se enojaba, sentía miedo o se ponía triste tal personaje?, ¿qué ponía feliz a esa persona?, ¿qué hubieras hecho en su lugar?, ¿cambiarías la historia en alguna parte?, etc.
5. Cantar una canción, con un tono de voz enojado, después triste, con miedo y feliz.
6. Relata tu historia o anécdota personal a detalle, por ejemplo: La semana pasada fui en el auto a dejar su postre favorito a la abuela, pero no pude bajarme a darle un abrazo, porque debemos cuidarla de la infección de un virus. Posteriormente el niño, adivina: “Me imagino que sentiste…”, alegría al dejar el postre y tristeza por no dar el abrazo por ahora. Si adivina, reforzarlo con un elogio.
7. Juegos de respiración para el miedo, enojo o tristeza, decirle que nos imaginaremos que tenemos una flor y una vela, con la cual olemos la flor y soplamos la vela o bien, que se tiene una taza con chocolate caliente a la cual soplaremos despacito y lento hasta que se enfríe, repetir cada vez que el niño experimente dichas emociones.
8. Usar dos botes o recipientes, en los cuales los niños depositarán dibujos o escribirán (depende la edad), lo que les pone felices (frasco 1) o lo que les provoca miedo y enojo (frasco 2). Por la tarde, hacer la hora de las preocupaciones y durante 15 minutos sacar los papelitos, platicar en familia sobre ello, en donde se brinden opciones o soluciones que pueden hacer para sentirse mejor.
9. Hacer la mochila del enojo o del miedo, e ir metiendo diversos recursos (juguetes, hojas, colores, cuentos) la cual el niño pueda utilizar cuando se sienta así. Recuerda nunca dejar de contar a los niños un cuento diferente cada noche, pues es un excelente ejercicio para reforzar la relación padre – hijo.
10. Dibujar montones de nubes en hojas o cartulinas e imaginarnos que en cada nube se va para el cielo, una parte de nuestro enojo, luego otra nube para la tristeza y así, sucesivamente.

Educar las emociones desde la infancia, a través del juego abre un abanico de posibilidades para que el niño pueda conocerse mejor, modelando y verbalizando su estado de ánimo.

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Consultas psicológicas para niños.
Evaluación psicométrica infantil.
Psicoterapia cognitivo conductual para niños y adolescentes.

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