Por: José María Enríquez, Psicólogo infantil

Quizá la muerte de alguien que amamos demasiado, es uno de los sucesos de mayor impacto en nuestra vida, pues el sentido del placer siempre nos orienta hacia el bienestar, por sentido común nos cuesta pensar en la pérdida de lo anhelado como parte de la evolución del ciclo vital de todos los seres vivos. 

A menudo los adultos, carecemos de recursos y herramientas para afrontar el proceso de la pérdida de un ser querido, por lo que siguiendo la regla de oro que nos dice: “nadie puede dar lo que no tiene”, nos paralizamos al tratar de explicarle a un niño que determinado integrante de su círculo afectivo (familia o escuela) ha muerto.  Por eso es muy importante que cualquier adulto que sea cercano a un menor de edad cuente con las habilidades básicas para acompañar a los pequeños de la casa en el proceso de duelo.

Nunca ocultes la muerte de un ser querido con los niños, ya que ellos entienden perfectamente las cosas a su manera, debido a que su sensibilidad y capacidad receptiva les permite intuir la realidad que está sucediendo, si se les evita el contexto real se genera más angustia, conducta de aislamiento y dificultad expresiva de las emociones.

Te recomiendo considerar los siguientes consejos para brindar un acompañamiento tanatológico a los niños ante la muerte de un ser querido: 

• Jamás mentir al niño, háblale con la verdad, ¡el niño la necesita! Por ningún motivo le comentes que esa persona se ha ido a otra ciudad o salió de compras y más tarde regresa, porque tu bien sabes que eso jamás pasará.

• Evita hablar y actuar más de lo necesario, el niño pequeño no precisamente necesita saber detalles sobre cómo murió esa persona, en ocasiones posiblemente no requiera presenciar el entierro, ver el féretro o ir al velorio.

• Bríndale seguridad, es importante permitir que el niño llore, ya que lo que vive le duele, de lo contrario se puede generar un bloqueo emocional.

• Permanece al pendiente de señales de alerta en su comportamiento, fijando la atención en los sentimientos que experimenta el menor durante y después de la muerte del familiar. 

• Olvida los eufemismos, evita frases como: “está durmiendo, está descansando, o se ha ido”, ya que el menor lo puede tomar como que regresará después de descansar o al amanecer. 

• Facilita el proceso de cambio, plática con el niño para hacerle ver que la vida tiene momentos fáciles y difíciles, utiliza cuentos terapéuticos que le permitan entenderlo.

A pesar de que resulte doloroso hablar de la muerte con el niño, es mejor llevarlo a cabo lo antes posible, de preferencia después de las primeras horas del impacto emocional que vive el adulto ante la pérdida, por lo que se debe buscar un momento y un espacio idóneo, para explicarle con palabras fáciles y genuinas lo que ha sucedido. Por ejemplo: “Ha pasado algo muy triste, tu abuelo ha muerto, ya no estará más con nosotros porque ha dejado de vivir”. 

Si tu hijo presenta por un periodo de seis meses o más, tristeza exacerbada, sueños aterradores o conductas alarmantes como consecuencia de la persona que perdió, debes llevarlo a recibir apoyo psicoterapéutico con un profesionista de la salud mental (psicólogo infantil o paidopsiquiatra).

“Antes de los tres años la palabra muerte, aun no le dice nada al niño, es a partir de los cuatro a cinco años cuando los menores aplican el concepto de vida a todas las cosas que existen en su alrededor (el osito Pepe, el príncipe Alejandro, la princesa Sofía), desde esta edad los niños tienen curiosidad por la muerte; por ejemplo, lo demuestran cuando juegan “luchitas” y se hacen los muertos o cuando observan algún insecto que murió”.

Psicoterapia infantil/Terapia de lenguaje y aprendizaje.
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