Por: Julieta Enríquez/Master Coach Ontológico & Psicoterapéut

Creo que es muy importante abrir los espacios para disfrutar la vida en lugar de sólo correr contra el reloj entre los compromisos, sobre todo cuando las distancias se complican, así que las circunstancias de mi agenda me colocaron esta semana en uno de mis cafés favoritos en La Condesa; entre miles de libros y muchas tazas de café opté por la última mesa de la terraza en el segundo piso, entre las copas de los árboles, lista para disfrutar unas
horas de lectura antes de mi siguiente reunión.
Ella: Es que tu ni cuenta te das de que….
El: Pero por qué tú solo te dedicas a…
Ella: ¡Claro! Ya no te acuerdas de …
El: ¡Ah! Pero parece que a ti se te olvida …
Ella: Tu nunca puedes cumplir con…
El: Y tu siempre haces lo mismo que …
Ella: Pero es que si tu quisieras de verdad…
El: Tu deberías de empezar de una vez por …
Eran las 10:30 de la mañana cuando me senté a disfrutar un café con un buen libro, pero ciertas palabras y tonos de voz junto a mí se robaban mi atención, los temas, reclamos, excusas y argumentos fueron de lo más diverso. ¡Escuché de todo! incluyendo los conflictos de alcoba, si ¡intimidades también! Su momento más álgido fue tacharse mutuamente de irresponsabilidad e inmadurez emocional ¡uff! A ver en qué acaba esta discusión pensé yo. No soy metiche pero cuando su conversación está a solo 50 cm. de mi mesa y somos los únicos en esa área, obviamente entre mi café y yo las acusaciones encontraban eco; sus caras serias y largas se fueron transformando, pasando por todos los matices, por un momento pensé: ¡Ups! creo que ahora si le va a arrojar el café caliente encima, ¡pero no! Su conversación pasó por una catarsis. ¡Claro, para entonces ya teníamos tres horas sentados! Poco a poco su acidez se fue neutralizando, dejaron el sarcasmo, se escucharon más y se entendieron mejor, la voz fue más suave, las palabras más amables y de repente la reconciliación: ¿No? ¡En serio! Después de todo lo que se acusaron, se criticaron y se dijeron. ¿Pero, quién soy yo para juzgarlos? Tal vez en la primer hora me hubiera levantado ¡no lo sé! Porque el corazón no entiende de razones, porque cada relación es una decisión, lo que si me queda claro es que el Amor no es para cobardes ¿quién dijo que era fácil?

Escuché una profunda conversación que paso por casi todas las emociones y justo eso la hace transformadora, compartir lo que pensamos, expresar lo que sentimos nos mueve de una situación a otra, amplía la perspectiva y abre nuevas posibilidades ¡esa es la magia de las palabras!

Siempre que tengo una conversación importante con un equipo, un grupo de personas o con una sola persona, antes de levantarme me pregunto y después de considerar mi respuesta en privado, hago de nuevo la pregunta, pero ahora en voz alta: ¿Ya dijimos todo lo que necesitábamos decir? Considerar esto puedo hacer una gran diferencia en lo que construimos o destruimos a través del poder de la palabra. ¡Haz la prueba y verás!
Por cierto a las dos de la tarde llegó mi amiga para comer juntas y para entonces la pareja ya se estaba literalmente comiendo a besos hasta que los interrumpí para pedirles permiso de conectar mi celular junto a su mesa, así vi de cerca sus caras ¡por Dios! Ella pasa de los 40 y él se acerca a los 50 pero ambos resplandecen como adolescentes, con ese brillo en la mirada por no decir fuego entre ambos y esa sonrisa amable y contagiosa ¡de verdad que el amor nos transforma!. La vida es tan corta que ¿para qué gastarla en discusiones? Si podemos escucharnos, comprendernos, amarnos, abrazarnos y disfrutarnos, de eso se trata ¿no? Demos más oportunidades a nuevas realidades y contagiémonos del amor que está en el aire, la primavera llena de vida y color el entorno para recordarnos que todo es ciclos y aprendizajes.

¡así que enamórate de ti, de alguien, de la vida, de lo que haces!

 

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