Por: Fernando Ordoñez / Foto: Mirko Oleg

“El amor de una es el combustible que hace que un ser humano logre lo imposible”

El antecedente mas remoto que se conoce sobre la celebración del día de las madres tiene su origen en la antigua Grecia, mas de 1500 años antes de Cristo. En donde se realizaban fiestas en conmemoración de la diosa Rea, quien según la mitología, dio a luz a importantes dioses como Zeuz, Hera y Poseidón.

La historia menciona que en la antigua cultura romana, por influencia de los griegos dedicaban tres días de ofrendas, oraciones y procesiones a la diosa, que identificaban con la lluvia y la fertilidad.

En la Mesoamerica prehispánica, en donde la mujer ocupaba un lugar de subordinación, contrastaba drásticamente la enorme admiración que adquirían las mujeres muertas durante el parto, pues recibían el mismo honor que los guerreros muertos en batalla. Estas guerreras de la fertilidad eran veneradas y enterradas con honores para renacer convertidas en hermosas aves.

En épocas mas recientes, en la Inglaterra del siglo XVI, algún noble caballero tuvo a bien conceder un día libre a su servidumbre para que fueran a visitar a sus madres; además les permitía hornear un pastel especial al que se le llamó “tarta de madres”.

Algunos de los colonizadores ingleses que llegaron a América, conservaron esta tradición a la que llamaron “domingo de madres”.

Sin embargo, la tradición de celebrar a las madres tomó fuerza en los Estados Unidos cuando la Escritora Ward Howe promovió realizar un homenaje masivo a las madres que habían perdido algún hijo durante la Guerra de Secesión.

Ana Jarvis, ama de casa del Estado de Virginia, promovió la idea de que debía ser designado un día especial dedicado a las madres en el calendario; iniciativa que a pesar de tener una enorme respuesta positiva, tardó mas de siete años en ser instaurada en los Estados Unidos.

Fue el presidente Wilson, en 1914, quien decreta la proclamación del segundo domingo de mayo como la fiesta oficial del día de las madres.

En nuestro país, fue el entusiasmo del periodista poblano Rafael Alducín, quién haciendo alusión a la celebración que ya se realizaba en los Estados Unidos, decidió pro- mover este festejo en el periódico Excélsior el 10 de mayo de 1922, logrando permear su iniciativa en gran parte de la población mexicana.

Muchos poemas y canciones se han escrito para reconocer el enorme sacrificio y abnegación de una madre por formar hijos de bien.

Tal vez el mejor homenaje que se le puede hacer a una madre es realmente ser hombres y mujeres de bien, de los cuales puedan cada una sentirse orgullosa y así valorar que su sacrificio no ha sido en vano.

Escríbenos a: profeordonez@yahoo.com

 

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